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domingo, 19 de abril de 2026

🤏🏽

Hoy me he roto un poco. Otra vez.

No ha sido de golpe, ni con ruido. Ha sido de esa forma silenciosa en la que se rompen las cosas importantes: por dentro, sin que nadie lo vea, pero sintiéndolo en cada rincón del cuerpo.


Hoy le he dicho adiós al hombre del que estoy enamorada.
Y lo más triste no es que se vaya… es que ninguno de los dos quiere realmente irse.


Nos hemos querido mucho y mal. O quizá no mal… pero sí torpemente. Como dos personas que se encuentran en el momento equivocado, con los sentimientos desordenados y sin saber muy bien qué hacer con todo lo que sienten.


Éramos “solo eso”. Sin etiquetas. Sin promesas.
Él fue claro desde el principio: no quería una relación, no quería involucrarse, no quería sentir.
Y yo… yo pensé que podría manejarlo. Dejar el corazón en casa y no involucrarme mucho más. Que podría quedarme en ese lugar sin que me doliera.
Pero no supe.
O no quise.

Y se me fue de las manos completamente.

Porque hay sentimientos que no piden permiso.
Llegan, se instalan y lo cambian todo.


Hoy me ha pedido perdón.
Por haberme hecho daño.
Por no estar preparado.
Y lo único que podía pensar era que no tenía que hacerlo.
Porque nunca me engañó. Nunca me prometió algo que no pudiera darme.
Fui yo la que se quedó más de la cuenta.
La que cruzó una línea que sabía que no debía cruzar.


Y aun así… duele igual. O incluso más.


Duele porque había algo real.
Duele porque nos elegíamos en los pequeños momentos, aunque no supiéramos elegirnos en los grandes.
Duele porque había conexión, porque había ganas… pero no había camino.


Qué absurdo es todo a veces.
Quererse y no poder.
Tenerlo tan cerca y, aun así, sentirlo imposible.


Hoy no me voy porque quiera.
Me voy porque quedarme sería romperme todavía más.
Porque hay amores que no se sostienen solo con lo que se siente, por mucho que duela aceptarlo.


Y aquí estoy, con el corazón hecho un nudo, intentando convencerme de que esto también es quererse:
saber cuándo soltar.


Aunque duela.
Aunque no tenga sentido.
Aunque, en el fondo, lo único que quieras… sea quedarte para siempre.